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Soy una persona responsable dinámica respetuosa honesta; con conocimientos en cuidado de niños, personas mayores, limpieza de casas de diferentes tamaños, al igual brindo asesoramiento en matemáticas . Dispuesta a cumplir con las tareas demandadas
Soy una persona Proactiva, responsable, puntual, siempre con disposición de aprender cosas nuevas, en todo lo que hago pongo lo mejor de mi! Tengo experiencia en limpieza de hogar. Limpieza en pisos turisticos y trabajos de pintura.
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Técnico auxiliar de enfermería, proactiva, técnico superior en estética .Experiencia en Cuidado personas, como en limpieza, cocina sencilla, plancha, maquillaje, manicura, pedicura, micropigmentacion…... No fumadora
Soy una chica de 27 años , proactiva y dedicada al trabajo 100/100 me gusta la limpieza ya que me dedico a diario a ello , tomo iniciativa de cada tarea laboral adaptándome a la necesidad de cada cliente, dedicada , educada y discreta , tengo referencia actuales y estoy en busca de más horas para completar mi jornada .
Lo primero que hay que decidir no es a quién avisar, sino qué se va a encargar exactamente. Una cesta semanal y un armario entero de ropa de temporada son dos trabajos distintos, aunque se pidan con las mismas palabras. Escribir esa diferencia desde el principio consigue que las respuestas lleguen medidas con la misma vara.
El encargo se publica con su descripción: cuántas piezas hay, qué tejidos, si llegan lavadas y cuándo hace falta. Con eso a la vista, quienes trabajan la colada en la zona mandan su propuesta y esas propuestas se colocan una al lado de otra. Después se habla por el chat de Taskia con quien haya respondido, se mira su perfil y las opiniones que han dejado otros clientes, y se elige.
Cuantos más datos lleve el aviso, menos idas y venidas hacen falta luego. Un aviso que solo dice «planchar» obliga a preguntar tres veces antes de poder decir cuánto cuesta. Uno que indica el volumen, el tejido y el día recibe respuestas cerradas desde la primera.
Un presupuesto más bajo que el resto suele estar dejando algo fuera, y merece la pena averiguar qué. A veces es el lavado previo, a veces el tiempo máximo de visita y a veces que las prendas se doblan pero no se guardan. Comparar sin saber eso es comparar dos cosas que no son la misma.
El historial de cada persona dice más que cualquier descripción. Ahí figura qué encargos ha llevado, con qué frecuencia y qué han comentado quienes los pidieron. Un perfil con trabajos parecidos al tuyo en Madrid es una señal mucho más útil que una presentación bien escrita.
El encargo puede ir desde una cesta puntual hasta una rutina fija cada semana. Dentro caben el planchado de prendas de vestir, la colada completa con lavado y secado, el doblado y la vuelta al armario. Fuera quedan los arreglos de costura, los tintes y la limpieza en seco, que son oficios aparte.
Delimitar el alcance por escrito ahorra la discusión de después. Si algo puede entenderse de dos maneras, es mejor decir cuál de las dos quieres. Esa frase de más en el aviso es la que evita media hora de aclaraciones.
Un encargo urgente no se plantea igual que uno con margen. Si hay una fecha, conviene indicar de qué prenda se trata, cómo ha quedado y a qué hora se necesita. Con esos tres datos se sabe enseguida si alguien puede asumirlo y a qué precio.
Lo planificado funciona de otra manera: un día fijo, un volumen parecido y una tarifa por horas acordada de antemano. Ahí lo que importa no es la prisa, sino que la rutina encaje en la semana de las dos partes. Mezclar los dos casos en un solo aviso deja a quien lo lee sin saber cuál de los dos quieres.
Lo normal es que el equipo lo ponga la casa: plancha, tabla, perchas y espacio. Cuando falta alguna de esas cosas, hay quien lleva la suya y lo indica en su propuesta. Decirlo antes de cerrar evita que la visita empiece buscando un enchufe libre.
Con los productos pasa igual: detergente, suavizante o almidón se acuerdan por adelantado. Si el gasto lo asume el profesional, eso forma parte de lo presupuestado y así debe figurar. Si lo pones tú, conviene tenerlo a mano el día señalado.
En Madrid abundan los pisos pequeños en los que no hay un sitio fijo para montar la tabla, y conviene aclarar de antemano dónde se va a trabajar. Un rincón con enchufe al lado y algo firme donde apoyar cambia el rendimiento de la visita entera. Si hay que despejar ese hueco, mejor hacerlo antes de que llamen al timbre.
El acceso al edificio también cuenta cuando hay que subir cestas. Portería con horario, ascensor pequeño o carga y descarga complicada son datos que se dicen en el aviso, no al llegar. Quien los conoce de antemano organiza el día de otra forma.
A mitad de la visita puede salir un cesto que nadie había contado. Lo que corresponde entonces es pararse un momento y acordar si entra o queda para otro día. Seguir sin decir nada y discutirlo al final es lo que estropea un encargo que iba bien.
Lo que se añada se anota por mensaje antes de seguir adelante. Así queda claro qué se añadió, qué se acordó por ello y en qué momento. Esa nota vale más que la memoria de los dos cuando pasan semanas.
Cada tasker se ocupa de sus propias obligaciones fiscales y entrega el documento que su situación le permite emitir. Si necesitas justificar el gasto ante alguien, ese requisito se pone sobre la mesa antes de aceptar ninguna propuesta. Plantearlo al terminar convierte en problema lo que no tenía por qué serlo.
El hilo de mensajes funciona como respaldo de lo hablado. Ahí quedan la fecha, el contenido del encargo y las condiciones que se pactaron. Meses después sirve para repetir lo mismo sin volver a explicarlo.
Antes de aceptar nada hay tres cosas que conviene tener por escrito: qué incluye, cuánto tiempo se calcula y qué pasa si sobra trabajo. La respuesta a esas tres separa a quien ha leído el encargo de quien contesta en cadena. Preguntarlo por el chat de Taskia cuesta un minuto.
También ayuda preguntar si la persona ha hecho antes un encargo parecido en volumen. Un profesional acostumbrado a coladas grandes calcula distinto que quien trabaja sobre todo camisas sueltas. La pregunta directa da una respuesta más útil que cualquier descripción general.
Lo fija cada tasker según lo que lea en el aviso. Pesan el número de piezas, los tejidos, si hay lavado por medio y si las prendas se guardan al final. Un aviso detallado devuelve cifras comparables sin necesidad de descifrar nada.
Llegan propuestas de quienes cubren la zona y quieren el trabajo. Se leen con calma, se pregunta por mensajes lo que falte y se revisan perfiles y comentarios. Al final la decisión es tuya y se queda con el encargo una sola persona.
Depende de a quién le encaje la zona que indiques en el aviso. Por eso conviene escribir el municipio exacto y no solo la provincia. Cada cual decide hasta dónde se desplaza y deja pasar lo demás.
No hay un mínimo fijo, aunque los encargos muy pequeños compensan menos. Si son pocas prendas, encaja mejor juntarlas con la colada de la semana. Con volúmenes altos suele salir a cuenta acordar una rutina.
No es imprescindible si dejas por escrito cómo se entra. Ayuda una nota breve que sitúe el cesto y avise de lo delicado. Muchos encargos se resuelven así sin ningún problema.
Sí, y es la forma habitual de organizar una rutina estable. Se acuerda un día, una franja y un volumen aproximado desde el principio. Cualquier cambio se avisa por mensaje con margen.
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