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Empleada doméstica con experiencia . Puntual, responsable y atenta a los detalles.Soy capaz de realizar diferentes tareas de limpieza que respondan a las necesidades e instrucciones de los empleadores. Puedo realizar labores de lavado y planchado de ropa,cocinar..
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Hola tengo 39 años y experiencia en limpieza plancha doblado... Di lo deseas ponte en contacto conmigo. Gracias.
Hola me llamó camila Tengo 10 años de experiencia en limpieza y cuidado
Soy una chica de 29 años con más de 10 años de experiencia en el sector de la limpieza,tanto en domicilios particulares como en comunidades,oficinas, edificios públicos y comercios.
Mi nombre es Noelia, tengo 31 años.Me considero una persona ideal para cuidar niños, ya que me encantan. Soy responsable, cariñosa, paciente y muy puntual.Podría hacerme cargo de niños de prácticamente todas las edades, desde bebés hasta niños de años, no tengo preferencias en ese aspecto.Tambien tengo experiencia en limpieza de hogar y cocina .Tengo disponibilidad completa e inmediata.
Soy muy trabajadora y responsable..Llevo muchos años cuidando niños y haciendo limpiezas.Tengo vehiculo propio y referencias si se requieren.
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Mujer responsable, trabajadora y de absoluta confianza se ofrece para limpieza, cuidado de niños, acompañamiento a personas mayores. Tengo las competencias, capacidades y habilidades para el ámbito sociosanitario (empática, asertiva, cariñosa, paciente, amable, servicial) posibilidad de incorporarme en cualquier momento y disponibilidad absoluta.
Bajo la palabra plancha caben cosas muy distintas: una cesta ya lavada, la colada entera de la semana o el cambio de armario con la ropa de temporada. Delimitar cuál de las tres es la tuya evita que lleguen propuestas imposibles de poner una junto a otra. Esa delimitación es el trabajo previo que ahorra casi todos los malentendidos posteriores.
Dos cifras parecidas pueden esconder encargos que no se parecen en nada. Una puede contar solo el planchado y otra incluir el lavado, el secado y la ropa colocada en el armario. Antes de quedarte con la más baja conviene leer qué ha entendido cada cual.
El perfil de cada profesional añade lo que la cifra no dice. Ahí se ve qué encargos ha llevado, con qué regularidad y qué comentan quienes contaron con esa persona. Esa lectura pesa tanto como la cantidad que aparece escrita.
El oficio cubre lo que va del cesto al armario, en el orden que haga falta. Caben el planchado de prendas de vestir, el lavado con secado, el doblado y la colocación por temporadas. No caben los arreglos de costura, el teñido ni la limpieza en seco, que se piden en otro sitio.
Escribir el límite del encargo es más útil que enumerar tareas sueltas. Decir hasta dónde llega evita que alguien calcule de menos y luego se quede corto. Un límite claro es también lo que permite repetir el mismo encargo más adelante.
Primero se publica el aviso con el detalle de lo que hay: piezas, tejidos, si llegan lavadas y qué día encaja. Con esa descripción delante, quienes trabajan en Ourense envían lo que cobrarían y esas cifras se ponen en fila. Luego se conversa por el chat de Taskia, se repasan perfil y comentarios, y se cierra con una sola persona.
El paso que más se salta es el de conversar antes de decidir. Dos preguntas bien puestas descartan a quien no ha leído el encargo. Quien responde con detalle suele ser también quien luego cumple lo dicho.
Hay tres datos que deberían estar por escrito antes de dar el sí: qué incluye exactamente, cuánto tiempo se calcula y qué ocurre si aparece más trabajo. Sin esos tres, cualquier cifra es una estimación a ciegas. Preguntarlos por el chat de Taskia cuesta menos que rehacer el encargo.
Conviene saber también si ha llevado antes un cesto del tamaño del tuyo. Quien trabaja habitualmente con coladas grandes hace las cuentas de otra manera. Esa respuesta afina el precio más que cualquier descripción general.
Conviene que nada quede húmedo para cuando empiece la visita. El vapor sobre una prenda mojada fija la arruga en lugar de quitarla. Media hora más de tendedero ahorra un cuarto de hora de trabajo perdido.
Ayuda también dejar junta la ropa que va al mismo sitio del armario. Y apartar en un montón aparte lo que no admite temperatura alta. Con el cesto ya ordenado, el tiempo se va en planchar y no en clasificar.
Un encargo pequeño se resuelve en una visita y no necesita más plan. Cuando lo pendiente es el armario entero, repartirlo en dos o tres tandas sale mejor que forzar un solo día. Cada tanda se cierra, se revisa y se decide si la siguiente sigue igual.
Ir por fases permite además ajustar sobre la marcha lo que no encajaba. Si la primera tanda tarda más de lo previsto, la segunda se plantea con otro margen. Es la forma de que la última visita no termine siendo la peor.
La mayoría de estos encargos se calculan a distancia con lo que dice el aviso. Basta con saber cuántas piezas hay, de qué tejido son y si además toca lavarlas. Solo cuando el volumen es grande o irregular tiene sentido pasar antes a verlo.
Si prefieres una visita previa, dilo desde el principio y no al aceptar. Hay profesionales que la hacen sin inconveniente y quienes prefieren trabajar solo con la descripción. Saberlo antes evita empezar la relación con un desencuentro.
Hay momentos del año en que casi todo el mundo pide lo mismo a la vez. El cambio de armario, el final del curso y los días previos a una celebración concentran encargos de ropa. En esas semanas conviene avisar con más antelación de la habitual.
En Ourense hay muchas viviendas de dos plantas donde el lavadero queda lejos de los dormitorios, y eso alarga cada tanda. Cuando además coincide con una semana cargada, el margen se estrecha por los dos lados. Reservar día con tiempo es lo único que lo arregla.
Una buena descripción responde a qué hay, en qué estado y para cuándo. «Dos cestos de sábanas ya lavadas, para el jueves» dice más que un párrafo de intenciones. Con ese nivel de detalle, las respuestas llegan con cifras y no con preguntas.
Si el encargo es urgente, la fecha límite va en la primera línea y no al final. Si lo que buscas es una tarifa por horas para una rutina estable, eso también se dice ahí. Un aviso concreto es lo que separa una respuesta útil de un «ya te diré cuánto cuesta».
La calcula cada tasker leyendo el aviso publicado. Influyen las piezas, los tejidos, si hay que lavar y si al terminar todo vuelve al armario. Cuanto más concreto el aviso, más ajustadas llegan las cifras.
Sí, y es uno de los encargos más fáciles de cifrar. Basta decir cuántas prendas se guardan y cuántas salen. Con esa cuenta hecha, la respuesta llega enseguida.
Eso lo decide quien cubra la zona que pongas en el aviso. Escribir el municipio, y no solo la provincia, es lo que lo hace visible a quien cubre ese radio. Cada cual fija hasta dónde se mueve.
Van llegando propuestas de quienes tienen hueco y les interesa. Se comparan sin prisa, se aclara por mensaje lo que falte y se miran las opiniones anteriores. La última palabra la tienes tú.
Lo habitual es que el equipo esté en casa y listo. Cuando no lo hay, conviene decirlo antes de cerrar nada. Hay quien lleva el suyo y lo indica en la propuesta.
Sí, y de hecho es la manera más cómoda de organizarlo. Se acuerdan el día, la franja horaria y el volumen habitual. A partir de ahí solo se avisa cuando algo cambia.
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